teatro
Zafra
(Badajoz, ES)
Cliente
Consejería de Cultura y Turismo. Junta de Extremadura
Superficie
2.674m² construida + 2.808m² ajardinamiento
Presupuesto
3.525.963€
Año
2005 a 2009
Consultores
  • Constructora: Procondal S.A.
  • Aparejadores: Carlos Rubio, Joaquín Escribano
  • Estructura: José Pablo González
Colaboradores
Aránzazu Montero, Jesús Isla, Carlos Brage, Lucía Fernández

El ámbito del Teatro Municipal de Zafra resuelve la transición entre la ciudad histórica, una ‘periferia’ en construcción y la naturaleza. La irregularidad del caserío que forma el perímetro medianero invita a ocupar el solar mediante la disolución del programa, creando una nueva ‘envolvente’ de dos alturas que absorbe la geometría desordenada, estableciendo recorridos libres con pendientes suaves, que permiten la accesibilidad total para visitantes y restringida para vehículos para carga y descarga. Ésta se realiza mediante una chácena practicable de grandes dimensiones, de modo que la caja del escenario articula interior y exterior del edificio, permitiendo aprovechar el equipamiento lumínico para ofrecer espectáculos informales hacia la plaza.

La misma calzada portuguesa que pavimenta el exterior se extiende sobre el foyer y sus espacios de apoyo. Una continuidad similar se produce entre el solado del escenario y el linóleo negro del patio de butacas, donde fieltros naturales (que remiten al ganado lanar que antes de la construcción pastaba en la parcela) revisten los paramentos interiores. El aplacado de corcho en acabados natural, mate y brillo que recubre la sala de ensayos abunda en esa translación material del paisaje local.

Cuestionando el rol tradicional del espectador como ingrediente eminentemente pasivo, y más allá de provocar un afecto contemplativo, el teatro acomoda sus atributos y administra sus potenciales, invitando a sus usuarios latentes a establecer gestos de complicidad mediante el despliegue de una serie de contextos lúdico-sensitivos: Los espectadores se pueden “caracterizarse” temporalmente en los aseos, o pueden emular en sordina a sus percusionistas favoritos en los asientos cilíndricos del vestíbulo lateral. Las butacas de la sala se combinan en una anamorfosis de modo que, percibida desde el escenario, se recompone un gran ojo que durante los ensayos sustituye al público en su labor crítica y escrutadora. Una serie de perforaciones realizadas en el muro occidental del escenario convierten a los viandantes en espectadores furtivos (¿quién no ha buscado los resquicios de una valla para disfrutar momentáneamente de un espectáculo para el cual se carecía de entrada?), perpetúa su condición escénica de la caja negra más allá de las representaciones (durante los ensayos, montajes, o cuando se halla vacío).